martes, 28 de octubre de 2014

Leyendas de la "Noche de Difuntos"

Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas y tristísimas, y entreabrió los ojos. Creía haber oído a la par de ellas pronunciar su nombre, pero lejos, muy a lo lejos, y por una voz ahogada y doliente. Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin, despuntó la Aurora, vuelta a su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de luz. Separó las cortinas de seda del lecho y ya se disponía a reírse de sus temores pasados cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo. Sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas. Sobre el reclinatorio había visto, sangrienta y desgarrada, la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fuera a buscar Alonso. Cuando sus servidores llegaron a noticiarle la muerte del primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, La encontraron inmóvil, crispada, muerta, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano, desencajados los ojos, entreabierta la boca, blancos los labios, rígidos los miembros, muerta, muerta de horror.

1 comentario:

  1. Sabed que el autor de este relato es Gustavo Adolfo Bécquer, autor español contemporáneo a Edgar Allan Poe y Washintong Irving: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/becquer/rimyley/montede.htm

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